Cuenta la leyenda que Clicia era una de las ninfas más bellas del
universo. Su hermosura era tal, que el dios Apolo se enamoró
perdidamente de ella. Juntos fueron felices durante un tiempo. Pero...¡ay!, los
dioses son caprichosos, y quiso la fortuna que
Apolo se enamorara de una humana: Leocote, hija del rey de Babilonia.
Clicia
lloró desconsoladamente al ser abandonada por el dios, y su tristeza llenaba de
pena a todos los que la rodeaban.
Sus lamentos se esparcían a los cuatro vientos; sus lágrimas formaban
charcos que se transformaban en arroyos, y éstos en ríos que se vertían en el mar. Hay quien dice que esta es la causa de
que el agua de los mares y océanos contenga sal (las lágrimas
son saladas).
Pero
Apolo, enamorado de otra, no le hizo ningún caso. Por el contrario, en la
Tierra muchos seres vivos (animales y personas) trataban
de consolar a la joven ninfa, pero sus esfuerzos y el cariño con que la rodeaban
era inútil.
Clicia comprendió que nunca volvería a ser feliz, así que decidió
retirarse al desierto para llorar su desgracia. Las lágrimas que a
cada rato caían de sus ojos crearon pequeños lagos. Así se crearon los oasis.
Ese es el origen de los girasoles, plantas que siempre “miran” al sol
para recibir de él su luz y calor.
[Adaptación de una leyenda de la mitología griega]
Tiempo para reflexionar:
Tiempo para reflexionar:
- ¿En qué ocasiones os habéis sentido apenados?
- ¿Cómo podríamos ayudar a Clicia a sentirse mejor
- ¿Qué hacéis cuando un amigo o un hermano está triste?
- Cuando estáis tristes, ¿quién os gusta que esté a vuestro lado?
- ¿Qué os gusta que os diga?
- ¿Hay animales tristes?; ¿cuáles?; ¿y animales alegres? Pon ejemplos.
- ¿Existen colores tristes y alegres?; ¿cuáles?; ¿por qué?
- ¿Es de “pequeños” estar triste?; ¿por qué?
- ¿Creéis que las personas mayores nunca están tristes?