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martes, 8 de abril de 2014

Tu y la música

“A todos nos gusta que nos admiren por lo bien que hacemos algo. Pero tenemos que tener en cuenta que para ello necesitamos mucho tiempo de esfuerzo y constancia. Por otra parte, a veces la fama es exagerada por la televisión y las revistas. Por el contrario, muchas personas desconocidas hacen muchas cosas muy bien y sin embargo no son famosas”


 • ¿Os parece que tocan bien los instrumentos los niños?
 • ¿Pensáis que es difícil llegar a coordinarse tan bien?
• Si continúan practicando, ¿acabarán por ser expertos o virtuosos en el arte de componer o tocar música?

martes, 1 de abril de 2014

LAS MEDICINAS DE DÁRTACAN

“Vamos a ver una secuencia de dibujos animados en la que el personaje principal se cura de sus males tomando una
poción que su madre le entregó. Permaneced atentos a lo que sucede porque lo comentaremos a continuación”.

• D’Artacán se cura tomando una poción que su madre le entregó. ¿Hubiera hecho bien si quien se la da fuera el posadero?
• ¿Qué puede pasar si tomas algo que te dicen que te va a curar, o mejorar tu estado de salud, pero quien te lo ofrece es un desconocido?
TIEMPO PARA REFLEXIONAR: ¿Qué harías en cada uno de estos casos? Recuerda que: Los medicamentos y la forma de tomarlos es algo muy serio. Tienen que ser prescritos por un médico y controlados por un adulto.

 Te duele la cabeza. Has observado que a tu
hermano cuando tiene fiebre le dan un jarabe.
Como no están tus padres en casa, piensas
que tienes que hacer algo.

Un amigo te dice que si tomas una bebida
energética te sentirás mucho más activo. Te ofrece
tomar con él un envase desconocido para ti. ¿Qué
haces?

El médico te ha prescrito la toma de una medicina
para curarte de un fuerte catarro. Pero su sabor te
resulta muy desagradable. ¿Y si la tiras por el
lavabo?

Tu hermano pequeño tiene fiebre. Intentas localizar
a tus padres por el móvil, pero no lo consigues.
¿Le darías una medicina que pusiera en su
prospecto “antitérmico”?
Tras

martes, 18 de marzo de 2014

No os conviene enfadar al gatito

“Hoy vamos a ver una secuencia en la que continuamente Alvin tiene que tomar decisiones. Él y sus hermanos se acaban de incorporar a un instituto donde estudian como el resto de los chicos y chicas, aunque ellos sean ardillas. No todos y todas les han recibido igual, y de hecho los chicos que componen el equipo de fútbol les tienen bastante manía, porque desde que han llegado no han hecho más que quitarles protagonismo. Esto es lo que sucede entre ellos…”
No os conviene enfadar al gatito from Educación Fundación Botín on Vimeo.
¿Qué os ha parecido lo que ha sucedido aquí? 
¿Os habéis dado cuenta de que cuando a Alvin le hacen la propuesta de formar parte del equipo de fútbol le presionan para que decida rápido, como si por tardar un poco más pudiera perder la oferta?
¿Pensáis que esto es así? Si verdaderamente están interesados en él para el equipo, ¿pensáis que se echarán atrás porque se tome su tiempo para decidir?
¿Creéis que los chicos del instituto tienen buenas intenciones con Alvin? ¿En qué lo notáis? Si os habéis dado cuenta…
¿por qué creéis que Alvin no?
¿Qué pensáis que ocurre cuando tenemos que tomar decisiones rápidamente, sin pensarlo demasiado? ¿Es más fácil o más difícil equivocarse?
¿Os ha pasado alguna vez que por tomar una decisión demasiado rápido os habéis equivocado?
¿Qué estaba en juego en la decisión de Alvin? 
¿Creéis que es posible tomar una decisión que contente a todos? 
 Para ello, ¿qué necesitamos? 
Como habéis visto, Alvin cambia de opinión a lo largo de la secuencia. Él no acepta la invitación al equipo desde el primer momento. Luego la acepta y finalmente se le plantea tener que tomar una nueva decisión.
¿Por qué pensáis que al principio dijo que NO?
¿Qué ocurrió después para que dijera que SÍ?
¿Pensáis que ha salido ganando con el cambio de opinión?
¿Qué decisión pensáis que tomará ahora con lo que acaba de ocurrir?

                        ¿Pensáis que ahora le va a resultar sencillo cambiar de opinión?

miércoles, 12 de marzo de 2014

El caprichoso rey Midas




Érase una vez un rey caprichoso y avaro que siempre quería ser “el que más”: el más guapo, el más listo y, sobre todo, el más rico del mundo. Decidido a ello mandó que quitaran  a  sus  súbditos  todas  sus  tierras,  bueyes,  mulos,  cerdos  y corderos.  Se apoderó de pequeños y grandes tesoros. ¡Hasta las armas de su guardia real quiso quedárselas!. Todo lo encerró en una enorme cueva justo debajo del salón del trono.
Pero aún   no estaba del todo satisfecho. ¡Quería más!... Así que mandó llamar al mago más importante del reino y le
dijo:
-Quiero ser muy rico.-
-Ya lo eres- dijo el mago.
-No   me entiendes. Quiero ser inmensamente rico. Usa tus poderes para que todo lo que toque se convierta en oro-
contestó el insensato rey.
-Tus deseos son órdenes para mí -respondió el mago.
Midas, que así se llamaba el rey, se volvió loco de alegría y avaricia. Pronto comenzó a tocar objetos, comprobando que, en efecto, eran de oro puro. Su trono también se transformó en oro. ¿Cuánto valdría?, pensó. Salió de la sala, y a su paso la puerta, las paredes y todo cuanto tocaba se transformaban mágicamente en el deseado metal.
A  Midas  le  entró  hambre,  y  mandó  disponer  un  suculento  festín  a  base  de  codornices, faisanes  y  todo  tipo  de exquisiteces. Pero, para su sorpresa y preocupación, no pudo comer ninguno de los manjares: de oro se habían vuelto no sólo los cubiertos, sino también los alimentos. ¿Qué clase de broma era aquella?. Consultó con su visir, quien le dijo:
-Majestad, no hay problema. Poneos unos guantes, y así no rozaréis la comida.-
Así lo intentó Midas, pero de inmediato los guantes de seda se transformaron en pesado oro. ¡Imposible comer con ellos puestos!. La  preocupación del codicioso rey fue en aumento. Quizá debiera haber pensado mejor antes de tomar su decisión.
Malhumorado salió a sus jardines particulares, pero no pudo disfrutar de las flores ni de los árboles, pues apenas los rozaba, se convertían en oro. Midas no sabía que hacer, así que mandó llamar al mago, quien le dijo:
-Lo siento, Majestad, pero ni toda la magia del mundo puede deshacer lo que fue vuestra firme decisión.-
Cuando Midas iba a responderle, entró en la sala su adorada hija, quien corrió a su encuentro, y sin dar a su padre oportunidad para evitarlo, le abrazó. Horrorizado, el rey observó cómo su hija se convertía en una estatua de oro.
Lágrimas de pena y culpa rodaron por las mejillas del desdichado rey. Ni siquiera pudo encontrar consuelo en el palacio, pues sus sirvientes, juglares y demás habitantes se habían encerrado a cal y canto en sus casas por temor a ser tocados por el rey.
A solas con su desgracia, Midas caminó sin rumbo por el palacio. En un rincón oscuro de  la  torre  principal encontró al único ser humano sin miedo a su propio rey: un anciano que le observó curioso. Midas le preguntó:
-¿No tenéis miedo de mí?.-
-No, Majestad. Al fin y al cabo no me queda mucho tiempo de vida-dijo el viejo.
-A mí tampoco- respondió con amargura el rey.
El anciano se quedó mirando apenado a Midas. Tras un largo silencio, le habló:
-¡Qué importantes son las decisiones!. Si no sabemos tomar las adecuadas, nuestra vida puede ser muy desagradable
¿no es así, Majestad?.-
-Eres un viejo impertinente, pero tienes razón.-
El viejo le propuso:
-Puesto que no os queda mucho tiempo de vida, podéis emplearlo en hacer el bien.-



-¿De qué me servirá?- preguntó Midas.
-Únicamente para morir con el alma en paz -dijo el anciano.
El rey le hizo caso, y a la mañana siguiente ordenó poner carteles por todo el reino, invitando a sus habitantes a tomar de su palacio cuanto oro desearan. Su llamada fue rápidamente aceptada, y una larga cola de personas esperaba su turno para cargar con todo tipo de objetos de oro. Cuando éste se acabó, el rey dijo:
 -¡No temáis!. No os quedaréis sin oro -gritó, y se puso a tocar cuantos objetos había a su alrededor.
Compadecido, el mago se presentó ante el rey y le anunció:
-Vuestra  clemencia,  Majestad,  os  ha  salvado.  Una  decisión  bondadosa  es  tan poderosa como una decisión malvada  y ruin. ¡Que se deshaga el hechizo!.
Midas apenas si podía creer en lo que sucedió a continuación: podía tocar sin miedo personas y objetos. Pero el nuevo hechizo del mago no pudo devolver la vida de su encantadora hija.
Así,  Midas  jamás  olvidó  la  lección,  y  todas  las  noches  acudía  a  la  habitación  de  la princesa a desearle buenas noches. La estatua de oro parecía sonreírle con cariño.

 
[Adaptación del cuento El rey Midas]

¿Qué decisión toma el rey Midas para conseguir su deseo? 
¿Piensa bien antes en las consecuencias de su decisión? 
¿Cuál es la terrible maldición del rey Midas? 
¿Por qué el mago deshace el hechizo? 
  ¿Qué sucede con la princesa?


lunes, 24 de febrero de 2014

Una linda trampa



En el episodio que hemos visto ¿qué aprende el niño?; ¿quién se lo enseña?; ¿cómo lo hace?.
• A veces nos cuesta contenernos. Por ejemplo, cuando alguien nos lleva la contraria, ¿podríais poner un
ejemplo?
• Si en casa os dicen que os vayáis a vuestro cuarto sin decir ni una sola palabra
¿de qué os dan ganas?; ¿qué pasa después?
• Un puzzle de 500 piezas puede ocupar vuestro tiempo durante varios días.
¿Os soléis rendir en seguida?; si no os rendís ¿os sentís mejor cuando lo termináis?
• Cuando resolvéis por vuestra cuenta un problema de una asignatura ¿os sentís igual de bien que si buscáis la
solución en el libro?; ¿por qué?.
• Comentad con vuestro compañero más próximo tres cosas por las que merecería la pena dedicar años.
[Pistas: la escuela, una profesión, tu hogar, el dominio de un deporte, etc.]
• Cuando veis un mago por la televisión ¿pensáis que ha nacido sabiendo, o que ha necesitado tiempo para
practicar?; ¿por qué?
• Los artistas más famosos ¿cuánto tiempo creéis que dedican al día para perfeccionar sus habilidades?
• ¿Qué has aprendido de este rato de reflexión?

martes, 4 de febrero de 2014

Ícaro y Dédalo

Pincha AQUÍ para oír la historia 
Visto en http://tallerderadio.blogia.com/
Dédalo huía de Grecia con su hijo Ícaro, donde era buscado y se refugió en la isla de Creta cuyo rey, Minos, le acogió con hospitalidad. Pero Dédalo echaba de menos su país. Cuando le pidió al rey que le permitiera volver a Grecia, éste se negó:
-¿Para qué quieres volver?. Allí te apresarán y matarán. Además, yo soy el rey de la isla y no quiero dejarte marchar.-
Dédalo pensó mil y una maneras de escapar, pero Minos mandó vigilar todos los puertos y costas para que no pudieran embarcar en una nave. Pero Dédalo construyó dos pares de alas hechas con cera. Se puso las más grandes y le puso a Ícaro otras más pequeñas. Antes de salir de Creta, Dédalo advirtió a su hijo:
-Ten cuidado. No vueles muy bajo, porque podrías chocar con algún árbol, pero tampoco demasiado alto, porque el sol podría dañarte. Lo mejor es que me sigas.-
Juntos  echaron a volar. Ícaro estaba encantado; casi no se lo creía: “¡estoy volando!” gritaba. Cuando se acostumbró a las alas, empezó a arriesgarse; volaba hacia atrás, caía en picado para remontar el vuelo justo cuando casi tocaba el suelo, o perseguía a las águilas. Dédalo estaba cada vez más preocupado por las “hazañas” de su hijo. ¿Es que se había vuelto loco?. ¡No sabía controlarse!.

Ícaro empezó a volar hacia arriba. Quería estar cerca del sol. Incluso tocarle. Recordaba las advertencias de su padre, pero ¿qué importaba?. ¡Sólo eran preocupaciones de un viejo!. Así que Ícaro continuó su ascensión   alejándose cada vez más de su padre. Dédalo, horrorizado, le gritó a su hijo:
-¡Baja!. El sol estropeará tus alas.-
No sabemos si Ícaro le escuchó, pero desde luego no le hizo caso, porque continuó volando hacia arriba casi en vertical.
El sol calentaba cada vez más, pero Ícaro no se daba cuenta. Sólo quería subir más y más alto.
De repente las alas, hechas de cera, empezaron a derretirse. Gruesos goterones de cera líquida se desprendían de ellas cada vez más deprisa. Ícaro perdió el control de su vuelo, y en unos segundos las alas desaparecieron. Naturalmente, el cuerpo de Ícaro cayó y el joven murió.
El sol miró con tristeza al pobre Ícaro. ¡Si hubiera hecho caso de los avisos de su padre...!.
Así termina la historia de Ícaro, un joven que no supo contener sus impulsos arriesgando su vida en el empeño por alcanzar el sol.
[Adaptación de la mitología griega]

   ¿Qué advertencia de peligro olvidó (o no quiso hacer caso) Ícaro?
¿Qué hubiera pasado si hubiese rectificado a tiempo, y descendiera cuando empezaron a desprenderse de las alas los primeros goterones de cera?
Las advertencias y prohibiciones de los adultos ¿son “porque sí” o para vuestra propia seguridad?. Poned un ejemplo.
Acabáis de comer y os apetece bañaros en el río, pero esperáis una hora pese al calor ¿por qué?
Os lanzáis cuesta abajo por la nieve de una montaña en un trineo. Cuando cogéis velocidad, frenáis; ¡y eso que era divertido ir deprisa!. ¿Por qué frenáis?
Si vais con vuestro hermano pequeño de excursión y encontráis una poza  ¿ le dejaríais tirarse de cabeza al agua sin más?;  por  qué? Que  haríais si decidís no permitírselo?;  que  puede pasar si no os hace caso y se
Ianza de cabeza?